La ocupación humana en la Comarca de la Jacetania se asienta en el período del Neolítico (5000-3000 a.c). Destacan, en este sentido, los monumentos megalíticos, fundamentalmente los dólmenes que se levantan en los valles de los ríos Aragón y Aragón-Subordán. La “Corona de los Muertos” adquiere una mención especial.
Parece clara la presencia de los Iacetanos (pueblo poco iberizado) concentrados en torno a la actual Jaca y su comarca natural, según José Antonio Armillas y Fernando Moreno en su Aproximación a la historia de Aragón. Se trata, en palabras de estos autores de un pueblo posiblemente emparentado con los Aquitanos y según Bosch Gimpera, situados “en un territorio enmarcado entre los Vascones (…) y los Ilergetes de la llanura de Huesca”.
Así mismo, estas tierras vivieron etapas de apogeo al formar parte del puesto de control de las grandes rutas que comunicaban el valle del Ebro con Roma, desde Zaragoza a través de la vía “Summus Portus” (Somport) y “Summus Pyrenaeus” (Puerto de Palo). De esta época se han encontrado restos como objetos funerarios, un sepulcro romano, cerámica, etc.
Según Domingo Buesa en “Jaca Primera capital del reino de Aragón” en Comarca de la Jacetania de la Colección Territorio, tenemos que avanzar en el tiempo, ya en los albores del S.IX, hasta la primavera del año 833 para encontrar presencia franca en el entorno de los altos valles pirenaicos. Emerge la figura del Conde Galindo I, el cual y escogiendo un apartado valle Pirenaico (Actual Valle de Hecho) trata de asentar su dominio militar sobre este espacio. A la vez y en este mismo orden de cosas, el monasterio de “San Pedro de Siresa se ocupa de vertebrar la población del valle y ordenar los recursos”
Posteriormente y ya con Galindo II, las fronteras se extienden hacia el este, fundándose el monasterio de San Martín de Cercito (en Larrés) y hacía el sur el de San Julián y Santa Basilisa (en el Monasterio Viejo de San Juan de la Peña).
En palabras de J. M. Lacarra, el tránsito de condado de Aragón a reino independiente respecto al reino de Pamplona no fue obra de un día, sino de una política paciente y tenaz de los dos primeros reyes de la dinastía, Ramiro I y de su hijo Sancho Ramirez. El primero no reunía la condición de legal por haber nacido fuera del único matrimonio reconocido como legítimo, pero a pesar de ello muy tempranamente empieza a usar el título de regulus, privativo de los infantes pamploneses. Tras la muerte de Sancho el Mayor, éste siguió rigiendo los mismos territorios asignados por el padre incorporando nuevas zonas su dominio. Será su hijo Sancho el que sobre esta base territorial más extensa, a la muerte del rey de Pamplona en Peñalen y del reparto de su reino con Alfonso VI de Castilla, cuando Sancho Ramírez, ahora ya sin disputa de nadie, pueda titularse rey por la gracia de Dios de todos los aragoneses y pamploneses.
Sancho Ramírez estableció medidas muy importantes como la vinculación de su monarquía a la protección del Papa, la creación de una capital en la ciudad de Jaca, la fundación del obispado de Jaca (catedral de Jaca) y la concesión de un fuero, instrumento legal que logra que Jaca se convierta en un gran centro comercial en relación con el Camino de Santiago. Todo esto influyó en el patrimonio y desarrollo de la Comarca a través de los siglos.
A finales del siglo XVI se construirán en nuestra Comarca de la mano del arquitecto Tiburcio Spanocci algunos edificios de gran relevancia como es el caso del Castillo de San Pedro, más conocido como la Ciudadela de Jaca, motivados en palabras de Domingo Buesa por “los sucesos de Aragón”. En el interior del Valle del Aragón se erigirá la fortaleza del Castillo de Canfranc, en Canfranc Pueblo, del que hoy apenas se adivina un torreón y alguna mínima estancia en el límite de la carretera que asciende hasta alto de Somport.
En los siglos XVII-XVIII se produce una exaltación de la inspiración barroca, ejemplo de ello son el retablo mayor de Ansó, la fachada del convento de Nuestra Señora del Carmen o la construcción del monasterio nuevo de San Juan de la Peña y otras muchas iglesias repartidas por toda la Comarca. A mediados del s. XIX comienza la planificación de la línea ferroviaria del canfranero, pero hasta 1928 no se inaugura la Estación Internacional de Canfranc, ejemplo claro de arquitectura modernista.